
Queridos todos, se acerca la comida de hermandad navideña. Tras un puente un tanto intenso por mi tierra, procuraré dar lo mejor de mí a pesar de haber regresado con la salud menguada. Para el 2007 deseo que cada uno de vosotros encuentre su camino y que sea feliz. Un camino diferente al mío, espero. Hemos hecho un buen trabajo, pero pienso que ya es hora de que cada uno siga su propia senda y, desde el crecimiento personal, busque eternamente su particular felicidad.
No veais esto como una despedida. Tan sólo es una hasta luego. Como cuando Jesús ordenó predicar a los apóstoles, hemos de propagar las enseñanzas de Alejandro por los cuatro puntos cardinales.
Y que, al igual que Pablo e Inma se comprometieron a poner el nombre de nuestro Muñoz a su primer vástago, que cada uno realice su promesa interior.
Que el sábado tiemble la capital del Reino.
Hagamos que conozcan el verdadero infierno.
Nunca os olvidaré.

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